Hojas de caduca existencia, adormecidas sobre la virutilla arenosa que se amontonaba en el duro sendero de los caminantes, al resoplido del torbellino ascendente que se producía al galope del chaval, que se movía virulento y saltón, se arremolinaban en piruetas de aceleradas espirales que tras varios e impetuosos movimientos acababan nuevamente por posarse, entre saltitos, sobre la linde de aquella hilera de árboles semidesnudos.
Aquel flacucho chaval corría que se las pelaba. Con los brazos remangados hasta los codos, con una blusilla desabotonada que le bailoteaba como un peregrino al final de su etapa , aspeándolos en un zig-zag mecánico que le impulsaba al compás de sus dos potentes remos que batía a la velocidad de una batidora casera; hacía que apenas se le distinguiesen las piernuchas por lo vertiginoso que rotaban. Y no era para menos, ya que un pincel o plumilla que le surgía de su columna vertebral, como la cola de una lagartija, iba trazando nerviosamente un entramado de signos y letras, a primera vista irreconocibles en el duro sedimento por el que galopaba.- Si te pillo te sacudiré, si te pillo te atizaré, si te alcanzo te acordarás de mí.- Eso iba escribiendo aquella cartilaginosa plumilla sin descanso desde que el pobre chaval nació. Pero yo me pregunto de qué modo pudo darse cuenta el estrafalario mocoso de lo que el rabo escribiente iba escribiendo a sus espaldas.
El Círculo Mágico…
Cuentan los últimos supervivientes de una civilización antiquísima, tanto como la luz, que unos sabios, -más de 10.000-, procedentes de todas las naciones que componían la red social del planeta, se conjuntaron en torno a un círculo mágico de 27 kms de longitud, dentro del cual se propusieron invocar el nombre de Dios para que hiciese acto de presencia; reduciendo tal manifestación a su mínima expresión que llamaron “partícula”,augurando después de esto tanto poder y sabiduría como la del mismo creador del Universo.
Estos sabios ciertamente no creían en un todopoderoso que infundiera a sus criaturas y trillonadas de estrellas movimientos dictaminados por él mismo, sino que pensaban que el puro azar tenía todo el peso de esa magnificencia.
Entonces hubo gran revuelo por parte de otros sabios que advirtieron a sus colegas del tremendo peligro que suponía llevar a cabo tan Alta Magia, ya que se rumoreaba que dicho conocimiento podía desintegrarlo todo. Pero como siempre, hicieron caso omiso a tales advertencias y tras varias invocaciones fallidas, finalmente consiguieron su propósito, aunque sin llegar a saber exactamente de lo que se trataba.
Un día, del centro del círculo mágico brotó una espesa niebla grisácea que fue expandiéndose lentamente por todo los confines del mundo, pues los sabios se vieron impotentes para contener tan desorbitada emanación que parecía no tener fin.
Fluyó y fluyó durante tres días lo que pensaban era la esencia de “la partícula divina” transformándose rápidamente como en un vapor brumoso que contenía el conocimiento absoluto. Los que inhalaron aquella consustanciación no pudieron soportarlo y enloquecieron con sus mentes sobrecargadas de tanto saber, a través del cual se iban creyendo Dios. Pero un poco antes de esto alcanzaron la privilegiada desdicha de visionar las consecuencias postreras que se conformaron con su atrevimiento.
Solo aquellos que supieron ver el verdadero rostro de la esencia divina llegaron a sobrevivir. Estos fueron un 10% de la población mundial, los cuales siempre supieron que la auténtica “partícula divina” era el mismísimo Planeta Aire-Tierra-Agua (A.T.A).